¿Qué pasa en tu cuerpo cuando reprimes lo que sientes y lo que piensas?

Autor: María Eugenia Ruíz / Psicólogo/Coach transaccional

Una de las defensas psicológicas más frecuentes en el ser humano es la represión. Reprimimos nuestros pensamientos, nuestras emociones, callamos nuestros sentimientos, pero el cuerpo habla, grita, pide auxilio y llora de diferentes formas; la más común de ellas: la enfermedad.

La Psiconeuroinmunología, ciencia que estudia la interacción entre los procesos psíquicos (pensamiento, memoria, atención, emociones, experiencia, motivación), el sistema nervioso central, el sistema inmune y el sistema endocrino del cuerpo humano, ha demostrado que estos sistemas tienen un lenguaje bioquímico común:

No ocurre nada en uno que no lo sepan los otros. La mente dirige o comanda todos los demás sistemas orgánicos, así que:

callamos

“dime lo que piensas frecuentemente y te diré cuan sano estás”.

La precursora de la Psiconeuroinmunología en Venezuela,  Dra. Marianella Castés (PhD en Inmunología) afirmó que el sistema inmune está regulado por nuestros pensamientos, emociones y creencias; y que existe una conexión entre el estrés y la aparición de una enfermedad.

Ella declara que la forma como llevamos la vida, nuestro grado de satisfacción con:

  • La pareja
  • La familia
  • El trabajo
  • Las relaciones interpersonales
  • El ambiente que nos rodea
  • Nuestra fe y espiritualidad

Ejercen una gran influencia sobre los sistemas orgánicos que nos mantienen sanos.

El filósofo griego Epicteto decía que:

 “Con el pensamiento nos podemos enfermar y con el pensamiento nos podemos curar”.

Entonces, ¿Cómo se debilita el sistema inmune? Por un pensamiento, por una emoción, por una creencia o por presentar estrés permanente.

Y si todo esto lo reprimimos, no lo expresamos adecuadamente, no lo decimos en palabras, se manifiesta a través del cuerpo por medio de síntomas que luego en el tiempo se convierten en enfermedad.

El Dr. Reich (médico psiquiatra y psicoanalista austriaco) demostró en sus investigaciones que para no expresar las emociones e incluso ocultarlas de nosotros mismos:

Disminuimos la respiración, contraemos el cuerpo y aparece una coraza muscular que va moldeando nuestra figura (por eso hay formas de cuerpo tan diferentes, se constituyen con las emociones que reprimimos).

Lo que no articulamos por la palabra lo desarticulamos con nuestra postura corporal.

Hay recuerdos y vivencias de nuestro pasado (infancia) que se borran de nuestra mente, quizás porque fueron muy dolorosos, pero no se borran de nuestro cuerpo. “Mi cuerpo habla de mi historia de vida”.

Así, cuando reprimimos rabia desarrollamos tensión y problemas en la articulación de la mandíbula y también podemos sentir dolor en los dedos de las manos y de los pies. Si reprimimos ira o llanto generamos una fuerte tensión en los músculos profundos del cuello y la lengua.

Si siento dolor en el pecho hacia el esternón (músculos pectorales, zona de las escápulas) brazos y manos significa que estoy reprimiendo tristeza, ganas de llorar, ansias, anhelos, aflicción o angustia.

Una cifosis o joroba en la zona dorsal se traduce en la represión de una ira externa por una carga emocional que se recibe posiblemente de una figura parental. El dolor en los costados (muchas veces neuritis intercostales) significa una prohibición de sentir rabia.

 La lumbalgia o dolor lumbar puede reflejar temor o angustia, así como los dolores o rigidez en la zona pélvica expresan represión de rabia, ansiedad y placer sexual.

Para dejar de reprimir y no enfermarnos es necesario que podamos con ayuda especializada:

Buscar conocernos, comprendernos, saber la historia de nuestra vida y poder ir a los momentos que más nos marcaron y a aquellos que decidimos olvidar para no revivir el dolor.

Hay que aprender a determinar de dónde vienen y cuáles son nuestros pensamientos automáticos, repetitivos, que rumiamos y nos torturan sin fruto alguno.

Es necesario asociar esos pensamientos con las emociones que los acompañan y poder expresarlas asertivamente, nunca reprimirlas.

El trabajar en nuestro sistema de creencias, para cambiarlas si son irracionales, ayuda mucho a poder generar otro tipo de pensamientos más adaptativos, tomando en cuenta que “lo que creemos, no importa lo que sea, para el cerebro es verdad”.

No debemos temer a entrar en las profundidades de nuestra vida, no tenemos que entrar solos, hay excelentes profesionales formados para acompañarnos a nadar en las aguas más profundas de nuestra existencia, allí donde reprimimos tristeza, miedo y rabia porque no teníamos la edad, ni la madurez suficiente para saber responder ante situaciones estresantes y de conflicto que muchas veces no comprendíamos pero que sí generaron emociones que marcaron nuestro cuerpo y nuestra vida para siempre.

@psicomaru_ruiz