¿Crees que tu vida te pertenece?

¿Estás viviendo la vida que quieres?

¿Cómo te gustaría vivir tu vida?

¿Eres prisionero de tu propia vida?

Autor: María Eugenia Ruíz / Psicólogo/Coach transaccional / @psicomaru_ruiz

Pocas veces nos hemos detenido a reflexionar si lo qué estamos haciendo todos los días es lo que realmente queremos hacer con libertad; o estamos haciendo lo que los compromisos, las circunstancias, las necesidades o el deseo de reconocimiento, poder o fama o cualquier otra motivación, que se nos escapó de las manos, nos lleva a hacer.

¿Te has preguntado de qué forma te gustaría distribuir tu tiempo, sintiéndote dueño del mismo y libre para emplearlo en lo que te lleva a flow o a un trabajo o actividad que te dé sentido de vida y propósito?

Mucha gente es esclava de los caminos que deciden recorrer, alguien les cuadra la agenda o lo hacen ellos mismos, y allí se señala qué van a hacer cada día, con quién hablará, dónde irán y hasta a las horas que comerán.

Es como estar preso en tu propia vida y ver cómo se está yendo la misma sin poder usar tu libre albedrío en los días más sencillos.

No estoy diciendo que es malo estructurar nuestro tiempo, lo que es dañino es que en esa planificación hayan cosas que no quiero hacer; porque no las decido yo, sino las circunstancias que permito que me rodeen, con las que me voy dejando atrapar y son ellas las que terminan dirigiéndome, en pocas palabras; pierdo el control de mi vida.

Ser dueño de tu tiempo y de tu vida consiste en asegurarte de que lo empleas en aquellas cosas que te dan plenitud, realización, bienestar y felicidad; en todo lo que es importante para ti.

El tiempo es quizás el bien intangible más valioso para los seres humanos, porque no es recuperable y no podemos regresarlo, vale más que cualquier tesoro sobre la tierra.

Ser los dueños de nuestro tiempo, nos hace dueños de nuestra vida, nos hace libres y ser libre es elemental para cultivar felicidad.

Si logras identificar en las siguientes características lo que estás sintiendo en la actualidad; entonces es hora de detenerte y evaluar si eres el dueño de tu vida, de tu tiempo o lo son tus circunstancias:

  • Cansancio físico y mental.
  • Falta de motivación para el día a día.
  • Evitación de hacer lo que antes te llenaba y te daba flow (experiencia óptima).
  • Te sientes triste o irritable durante el día.
  • No quieres estar en los lugares donde antes disfrutabas estar laboralmente; o tienes intolerancia a las personas que te rodean.
  • Tienes problemas de atención, concentración y memoria (sin ningún trastorno de ese tipo pre-existente).
  • Quisieras salir corriendo y no hacer nada, sólo eso: disfrutar de no hacer nada.

Es por esto que muchas personas en edades adultas o maduras buscan estudiar otras profesiones o aprender nuevos oficios, o iniciar nuevos proyectos o viajar o buscar practicar deportes; es redireccionar el sentido de sus vidas en busca de la pasión que se extingue muchas veces con la rutina o el afán de lo urgente cada día.

A continuación te presento algunas estrategias o actividades que pueden ayudarte a recuperar el control de tu vida y de tu tiempo:

  • Haz un alto y verifica si estás contento con la vida que llevas, sincérate contigo mismo y escríbelo.
  • Identifica cuáles son tus necesidades materiales reales, quizás seas esclavo de mucho trabajo para acumular cosas innecesarias.
  • Ten claro tu sentido (significado), propósito (objetivo) y misión (metas) de vida, apoyándote en tus valores (debes conocerlos también).
  • Trabaja en lo que te apasiona para que experimentes constantemente alegría de vivir y de disfrutar.
  • Evalúa si tienes miedo de salir de tu zona de confort, de enfrentarte a nuevos retos y a nuevos escenarios, y por eso te quemas haciendo siempre lo mismo.
  • Céntrate en lo que es realmente importante y no en lo que es urgente.
  • Una vez que hayas logrado lo expuesto incorpora como un hábito el estructurar tu tiempo, para que puedas planificar organizadamente tus espacios dedicándolo a lo que es importante.
  • Haz respetar tus tiempos, aprende a colocar límites claros, a decir “no” y a defender tus espacios íntimos.
  • Delega en otros, no pretendas ser la mujer o el hombre pulpo que todo lo quiere abarcar y resolver, suelta e invita a otros a crecer y a asumir responsabilidades.
  • Utiliza la tecnología para cosas productivas, las redes sociales pueden atraparte y llevarte a una adicción; se comportan como un hipnótico o sedante que te roba tiempo, espacios y calidad de vida.

Termino con unos fragmentos de la poesía “Yo soy yo“, escritos por la psicoterapeuta Virginia Satir:

…“Soy dueña de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores.

Son míos mis triunfos y mis éxitos, todos mis fracasos y errores. Puesto que todo lo mío me pertenece, puedo llegar a conocerme íntimamente.

Al hacerlo puedo llegar a quererme y sentir amistad hacia todas mis partes, puedo hacer factible que todo lo que me concierne funcione para mis mejores intereses.

Sé que tengo aspectos que me desconciertan y otros que desconozco.

Pero mientras yo me estime y me quiera puedo buscar con valor y optimismo soluciones para las incógnitas e ir descubriéndome cada vez más…

… A la hora de un examen de conciencia, respecto de lo que he dicho y hecho, de lo que he pensado y sentido, algunas cosas resultarán inadecuadas, pero puedo descartar lo inapropiado, conservar lo bueno e inventar algo nuevo que supla lo descartado.

Puedo ver, oír, sentir, decir y hacer, tengo los medios para sobrevivir, para acercarme a los demás, para ser productiva y para lograr darle sentido y orden al mundo de personas y cosas que me rodean.

Me pertenezco y así puedo estructurarme.

Yo soy yo y estoy bien”.